El humo era espeso y el calor, insoportable. Eran las 19.45 del lunes cuando Mircea Spiridon, de 50 años, vio las llamas desde la carretera. “Iba de camino a casa, pero no dudó en girar el volante y volver”, relata su mujer, Elena. El incendio de más de 2.000 hectáreas obligó a desalojar a más de 180 vecinos en cuestión de horas. Mircea sabía que en la finca de Miguel de las Heras, en Tres Cantos, había animales. Lo que no sabía es que no volvería a casa.
