“El corazón tiene razones que la razón no entiende”, decía el matemático y filósofo Blaise Pascal. Algo así parece suceder cuando invade el enamoramiento, para algunos un impulso arrollador que deja poco margen de decisión. “El amor es ciego” es otra frase popular que refuerza esta idea, porque si hubiera consciencia no nos enamoraríamos de según quién. Cupido lanza sus flechas y cuando alguna alcanza ya no se puede uno resistir. Todo parece decirnos que si aparece ese sentimiento maravilloso e intenso no hay escapatoria. Pero, ¿seguro que no hay razón en el enamoramiento? ¿Elegimos de quién nos enamoramos?
