Aunque en teoría son para el descanso y la diversión, las vacaciones, cuando se las coge el adversario, sirven también como arma en la refriega política. Ocurre ahora con el ministro Óscar Puente (PSOE), que carga contra Alfonso Fernández Mañueco por quedarse de vacaciones en Cádiz durante los primeros días de los incendios en la comunidad que preside, Castilla y León, si bien también ha criticado a Juan Manuel Moreno por no interrumpir su asueto por los fuegos en Andalucía. El PP ha reaccionado con indignación, pero en realidad poner en la diana las vacaciones de un rival no es nada nuevo. Lo sabe por sus propios actos el PP, que acostumbra año tras año a pedir al presidente, Pedro Sánchez, que ponga fin a las suyas, sea por el covid, por la caída de Kabul (Afganistán) en manos de los talibanes, por una crisis política en Venezuela o por una llegada masiva de inmigrantes. Este verano, en una vuelta de tuerca, el partido de Alberto Núñez Feijóo ha intentado declarar a Sánchez persona non grata en Lanzarote, la isla donde veranea.
