No esperaba escribir de esto, pero las coincidencias del calendario me han arrastrado hasta aquí. Todo comenzó el 1 de julio, mientras rastreaba en Facebook publicaciones antiguas de cuentas oficiales para corroborar una información en la que estaba trabajando. Mientras hacía un scroll infinito, una alerta de la plataforma zarandeó el recuerdo de uno de los errores de mi vida. “Hoy es el cumpleaños de Encarna Martín”. Pinché en su cuenta y, al ver su foto en la biografía, recordé el día en que mi madre me mandó una nota de audio para decirme que la hermana Encarna había muerto. Yo estaba rodando un publirreportaje en el Parador de Granada, en medio de la pandemia, y un nudo se me enquistó en la garganta.
