David Real es plenamente consciente de que su trabajo no tiene nada de normal. Porque trabaja en un aeropuerto militar en una base militar española, la de Rota, para una compañía americana. Porque el equipaje especial que para cualquier colega de un aeródromo civil puede ser una bicicleta, para él es un misil. Pero sobre todo porque se siente víctima de una lucha laboral tan enrocada que ya lleva siete años en huelga contra una empresa que ya acumula unos 50 despidos y una declaración de non grata del municipio de Rota a la que pronto se sumará otra reprobación. “No hay día que no entre por la puerta del trabajo, que no sienta que pueda ser mi último día. Somos como trofeos de caza”, denuncia Real con una pasmosa resignación.
