En estos días tórridos en que los incendios arrasan decenas de miles de hectáreas de bosque por toda España, matan a personas que combatían contra ellos o solo intentaban escapar del horror, calcinan viviendas y obligan a desplazar a miles de personas de sus residencias, muchos ciudadanos solo pueden contemplar paralizados la tragedia desde la distancia de una pantalla. Atrincherados con el aire acondicionado o los ventiladores, en tiempos que muchos ya denominan piroceno, es difícil comprender la violencia de esta nueva generación de incendios… a pesar de que las llamas den pánico incluso a través del televisor y que lluevan cenizas en las grandes urbes. Por eso, es la literatura, quizá, la que permita abrir cauces para un mayor entendimiento. Varios libros publicados recientemente pueden ayudar a comprender las dimensiones del problema, la inconsistencia de algunas políticas antiincendios y, sobre todo, que la tragedia continúa para las víctimas incluso años después de que todo haya quedado reducido a cenizas. Es siempre igual, desde la taiga canadiense hasta los bosques de Suecia, sin olvidar las azotadas tierras castellanas.
