Ese viernes de junio los helicópteros de las cadenas de televisión de Los Ángeles despegaron como suelen hacerlo cuando buscan las persecuciones policiales que encandilan a las audiencias angelinas. Pero aquella tarde no se elevaron para seguir a un conductor tratando de escapar de la policía. Volaban para registrar una inédita redada migratoria masiva en una fábrica de ropa.
