
Si pensamos en una ensalada mediterránea automáticamente nos vemos encerrados en la suma tomate+atún+aceitunas y un aderezo donde no falte el orégano. El feta también lo tenemos integrado; pero Chipre nos regala algo menos conocido en nuestros supermercados: el queso halloumi. Es perfecto por su salinidad, color dorado una vez pasado por la plancha y su textura. También absorbe muy bien el aliño y lo mantiene presente. Es contundente, puede sustituir perfectamente cualquier otra proteína animal y su manipulación se basa literalmente en trocearlo y pasarlo por una sartén. ¿Qué más podemos pedir?
