La prevención vuelve a ser la debilidad de una región que tiembla cada vez que los problemas se convierten en ogros por la pésima gestión de sus dirigentes políticos. La negligencia de la Junta de Castilla y León en materia de prevención de incendios es flagrante. Es espeluznante escuchar al periodista de EL PAÍS en Castilla y León narrar episodios de abandono, maltrato institucional, precariedad, desidia y falta de planificación por parte de una administración que no afronta los problemas desde la raíz. Es sobrecogedor escuchar los testimonios de paisanos desalojados de sus casas, viendo peligrar sus vidas y sus trabajos, alcaldes de pueblos afectados y bomberos que tiran de sus propios recursos para intentar mitigar la voracidad del fuego. La ciudadanía se está organizando a espaldas de una administración regional que no asume responsabilidades, que vive ajena a una sociedad harta de promesas.
