El expresidente colombiano Álvaro Uribe ha mantenido un silencio casi absoluto tras la condena que recibió el lunes por manipulación de testigos. No se ha sumado a la estrategia de sus aliados más cercanos de denunciar una supuesta instrumentalización de la justicia (lawfare, en inglés) para una supuesta persecución política. Solo ha hecho una excepción en medio del hermetismo: su némesis, Gustavo Petro, el actual presidente de Colombia. Luego de una semana de peleas en X, el político de derechas ha denunciado al mandatario por “hostigamiento y calumnia” ante Comisión de Investigación y Acusaciones de la Cámara de Representantes —competente para investigar a los presidentes—. Sus abogados han presentado un escrito en la mañana de este viernes, horas antes de una audiencia en la que se conocerá si Uribe irá a la cárcel, tendrá prisión domiciliara o quedará en libertad hasta que la condena quede en firme.
